LA CARNE DEL MUNDO

La carne del mundo es una propuesta escénica que celebra el cuerpo en su totalidad, su presencia y su capacidad de conectar. En un espacio luminoso y abierto, la acción invita a sentir la carne, a despojarse de identidades y a reconocerse parte de una totalidad y un cuerpo colectivo. La obra surge de la exploración personal de la artista sobre sus raíces costarricenses y españolas, integradas en su cuerpo y su memoria, y propone un ritual donde se aceptan y celebran todos los cuerpos tal como son. Inspirada en el swing criollo de su infancia, la pieza se convierte en un acto de encuentro, entrega y amor hacia la carne que nos mueve y nos conecta con la vida.

Idea y dirección: Lucía Marote
Bailarinas: Aurora Costanza, Rocío Barriga, Lucía Marote
Asistencia a la dirección: Alberto Alonso
Acompañamiento artístico: Amalia Fernández
Diseño de iluminación y dirección técnica: Cristina P.Bolívar
Artistas colaboradoras: Clara Pampyn, Mar López, Tata Quintana, María Pizarro
Gestión: La Tarea
Con apoyo del Ayuntamiento de Madrid, Comunidad de Madrid, Réplika Teatro y Adventium

SOBRE LA CARNE DEL MUNDO

Nací en Costa Rica, de madre costarricense y padre español, y viví ahí hasta los 22 años. Después de otros 22 años en España, cuando me preguntan de dónde soy, me cuesta saber cómo responder, no me siento de un lugar o de otro, y a la vez siento que en mí hay mucho de los dos. Llevaba un tiempo sintiendo el deseo y la necesidad de reconocer mis raíces y de permitir que se integre en mi cuerpo todo lo que me ha permitido llegar hasta aquí, ahora.

En realidad, mi cuerpo siempre ha sido y siempre ha sabido. En mi cuerpo todo está integrado, siempre lo ha estado, si alguna vez he dudado ha sido desde las ideas, no desde el cuerpo. El cuerpo es contundente y maravilloso. En el cuerpo no hay dudas ni certezas, ni preguntas ni respuestas, en el cuerpo hay lo que hay, es lo que es, todo es verdad en el cuerpo. Este cuerpo hecho de carne, de materia, hace posible que viva esta vida. Durante mucho tiempo pensé que mi cuerpo no estaba mal pero podía ser mejor, y ese “mejor” estaba definido por patrones e ideales que no tienen nada que ver con su esencia. Pero mi cuerpo no debería ser de una manera o de otra. Mi cuerpo es un regalo y he decidido dejar de cuestionarlo y de intentar o desear o esperar a que sea de otra manera. Hoy celebro este cuerpo, y celebrando este cuerpo celebro todos los cuerpos y celebro con todos los cuerpos.

La carne del mundo es ese ritual de celebración, un homenaje y una invitación a aceptar, reconocer y festejar todos los cuerpos como lo que son: materia y vida. Cuando empezó a gestarse La carne del mundo vino a mi memoria una imagen de mi infancia, cuando miraba a otras personas bailar una música en particular, en cualquier fiesta, generalmente ya avanzada la noche, y esto me daba mucha alegría y ganas de bailar. Esa manera de bailar, que luego supe que en Costa Rica se llama swing criollo, ha sido un punto de partida para desarrollar este proyecto, que podría verse como una deconstrucción y reconstrucción de ese baile popular. Esto por un lado es un acto de reconocimiento de esa parte de mi origen, y a la vez sé que esto no va tan específicamente del swing criollo ni de mi historia particular, sino más bien de eso que nos mueve, vengamos de donde vengamos, en el tiempo en el que estemos, eso que nos hace reunirnos para bailar, eso que nos hace sentirnos más vivas desde la entrega compartida al cuerpo.

La carne del mundo también es una declaración de amor al cuerpo, a todos los cuerpos, a lo que posibilitan y a lo que desprenden, a lo que son, a lo que somos, así como cada cuerpo es.

PRENSA

«Las intérpretes —Aurora Costanza, Rocío Barriga y la propia Marote— habitan sus cuerpos sin adornos ni urgencia. […] La luz se convierte en una especie de suero de la verdad: nada se oculta, nada se embellece.”

“Las reflexiones autobiográficas de Marote —su doble herencia costarricense y española, sus recuerdos infantiles del swing criollo, su largo camino hacia la aceptación de su propio cuerpo— constituyen la columna vertebral de la obra, pero «La carne del mundo» se expande hacia afuera, convirtiéndose en una celebración colectiva de todos los cuerpos, un ritual íntimo y expansivo que honra el cuerpo, no como un objeto estético, sino como un lugar de identidad.”

Greta Pieropan, Fjord Review

https://fjordreview.com/blogs/all/rituals-of-flesh-and-labour